15 mayo, 2018

Apenas ingresan a la carrera, los estudiantes de Kinesiología de la Universidad Autónoma de Chile comienzan a visitar distintos centros de salud. Su primer acercamiento con el ejercicio de la que será su profesión es en la asignatura Práctica 1, que continúa luego en segundo año.

En tercero vuelven a vivir la experiencia, pero por primera vez lo hacen vistiendo el uniforme que distingue a los kinesiólogos en formación. La Investidura marca ese antes y después.

Una nueva generación de 120 alumnos en Santiago, acompañados de sus profesores y familiares más cercanos, fueron oficialmente investidos no solamente con sus trajes, sino también con la responsabilidad que significa usarlos frente a sus pares y sus pacientes.

“El compromiso de ustedes y sus familias, es lo que les ha permitido llegar hasta aquí”, señaló en su discurso el director de carrera, Sebastián Miranda. “Pero eso es solo una buena intención. Importante, claro, pero no suficiente”.

“El trabajo duro y la disciplina funcionan, y se los recordamos día a día. Es difícil, desgastante, abismante a veces. Pero funciona. ¡No pierdan la fe!”.

Añadió que en los momentos más complicados, “cuando todo parece no tener salida y desmoronarse, es cuando no hay que perder la fe y el amor. La kinesiología será parte de sus vidas y la única forma de estar satisfechos es amando lo que se hace”.

Finalmente, les hizo un llamado a “soñar, pero en grande”. “No se conformen con tener para comer y vivir; sueñen más, sueñen con hacer la diferencia, sueñen con cambiar el mundo”.