10 mayo, 2019

Desde sus comienzos, Ruperto Cádiz dio a conocer en sus obras una visión crítica y muchas veces sarcástica del mundo, detrás de sutilezas cromáticas que hacían que el manifiesto político quedara oculto para el espectador.

Más adelante el uso de los colores cerró una propuesta visual completa en la ejecución de analogías y atmósferas oníricas de línea espacial. La armonía de la composición era así más relevante que la crítica a la superestructura política de un mundo en crisis.

A sus estudios en la Escuela de Bellas Artes -donde fue alumno de maestros como José Balmes, Ximena Cristi y Sergio Montecino- siguió su paso por la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

A su regreso, continuó desplegando su buen oficio y composición bien temperada, pero dio un giro fundamental hacia los planos deconstruidos y seres de extraña figuración, convirtiéndose en uno de los iniciadores de la neofiguración en Chile.

“Travesía en Cydonia” es una retrospectiva de los últimos 20 años de trabajo de este artista visual, en los que ha surcado los vientos cruzados del realismo y de lo imaginario.

En Casa Autónoma, Arte y Cultura de la Universidad Autónoma de Chile en Santiago (Europa 1970, Providencia), Ruperto Cádiz presenta desde este viernes 10 y hasta el próximo 31 de mayo una iconografía prolija, seres con línea de tierra; su inclinación hacia lo lúdico, el color y el desarrollo de nuevas técnicas.

Son más de 45 obras, entre pinturas y dibujos de gran y pequeño formato, técnicas mixtas en acuarela y tinta. De ellas, más de la mitad son inéditas.

Las composiciones con formas más afectivas de la memoria remota, transformándose en semillas más que en naturaleza, ya no en respuestas si no preguntas de un artista a la que la universalidad ha terminado por convencer.