14 Marzo, 2017

Las personas más vulnerables al interior de la familia, sean estos niños, adultos mayores o enfermos, son aquellas que demandan mayor atención y cuidado. Hacia el año 2020 -debido al envejecimiento paulatino de la población- los adultos mayores podrían equiparar la cantidad de niños, sumando ambos el 40% de la población chilena.

En este contexto, investigadoras de la carrera de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Chile abordan esta temática a través de una completa radiografía en la Bitácora Social IV: (Des)cuido: la organización del cuidado en Chile de hoy, que fue financiado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades. Ver estudio

Las autoras del estudio son la Dra. Andrea Avaria, docente investigadora; Mg. Karina Arias, Secretaria de Estudios de la carrera; y Mg. Cecilia Hernández, encargada de las prácticas profesionales en el campus El Llano Subercaseaux.

“Este estudio es un aporte a la reflexión en torno a la organización del cuidado, considerando que los cuidados permiten avanzar en el bienestar y la calidad de vida de las personas”, apunta el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Rodrigo Ubilla.

Añade que “en la organización del cuidado no solo se encuentra la familia más próxima, que por lo general entrega el cuidado de forma no remunerada, también encontramos servicios de especialidad, como cuidadores de enfermos y niños en diversas modalidades, e instituciones públicas y privadas que dedican sus funciones al cuidado”.

Según el Decano, “el cambio demográfico en Chile, el ingreso de la mujer al mundo laboral y las migraciones, por mencionar algunos factores, han puesto en evidencia la crisis del cuidado”, subrayando que “comprender el impacto no solo familiar, sino también social y económico de la organización del cuidado, permite que las sociedades generen procesos de adecuación y transformación de la institucionalidad de modo de acoger los cambios”.

La investigación de carácter cualitativo, aplicó una encuesta telefónica a mujeres y hombres chilenos de más de 18 años, en 73 comunas urbanas con más de 50 mil personas, que representan el 70,9% del total del país.

Principales conclusiones

La mayoría de los hogares (51%) integra a una o más personas que requieren de cuidado, especialmente niños y adultos mayores. Esto confirma que la organización del cuidado es un factor relevante en las problemáticas de una gran mayoría de las familias chilenas.

Las estrategias de cuidado varían por nivel socioeconómico, pero el elemento común es que las mujeres asumen esta responsabilidad, comprometiendo su tiempo libre y sus oportunidades laborales, entre otros.

A pesar de lo anterior, mayoritariamente los entrevistados validan el rol de la familia en el cuidado de los niños, adultos mayores y enfermos. Consideran que, dependiendo el grupo, nuevos actores deben asumir un rol más activo, por ejemplo, en el caso de los niños los abuelos y el padre, en el caso de los enfermos y los adultos mayores el apoyo del Estado, ya sea a través de centros cerrados o de la asesoría de especialistas cuando son cuidados por la familia.

También queda de manifiesto el rol marginal del Estado en relación a la organización del cuidado en Chile y la desconfianza en las instituciones que actualmente brindan cuidados.

Finalmente, el Decano Ubilla señala que “es esperanzador el resultado del estudio, los entrevistados no soslayan su responsabilidad, pero reconocen que la estructura social, la legislación laboral, los roles cumplidos al interior de la familia, el orden jurídico e institucional no contribuyen de forma efectiva a esta problemática”.

Compatibilizar trabajo y cuidado

La Dra. Andrea Avaria -investigadora a cargo de la Bitácora Social II: ¿aceptación o discriminación en Chile?- recordó que el año pasado la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades abrió un fondo para promover la investigación, que permitió llevar adelante este nuevo estudio sobre el cuidado y que también aborda los temas de migración y género.

“Estamos frente a una tensión en nuestra sociedad, a propósito de la crisis del cuidado, que habla de algunos cambios como el envejecimiento demográfico, el aumento de la esperanza de vida, las enfermedades crónicas, además de un cambio en las estructuras de las familias, ya que hay más mujeres a cargo, menos fecundidad y disminuye el tamaño de los hogares”, detalla.

Explica que, a lo anterior, se suman los cambios en los sistemas formales, como por ejemplo en los servicios sanitarios, donde las cirugías son más cortas o ambulatorias y la gente tiende a ser cuidada en su casa.

La investigadora señala que “es fundamental pensar en cómo organizamos socialmente el cuidado para construir sociedades más igualitarias. Hoy día en Chile el 50% de la población tiene la responsabilidad de cuidar a alguien. Pensemos que muchos adultos mayores son quienes hoy cuidan a los niños, sin embargo, a raíz del cambio demográfico una proporción significativa de adultos mayores con mayor dependencia van a necesitar cuidados”.

Asimismo, la Dra. Avaria reconoce que “el estudio nos sorprendió con algo inesperado, puesto que las familias quieren mantener el cuidado de sus seres queridos, sin embargo, lo que están demandando son recursos específicos desde la institucionalidad, por lo tanto, necesitamos generar políticas públicas que se orienten a la redistribución de responsabilidades entre los actores implicados en la organización del cuidado”.

Añade que “esto implica un cambio estructural, por ejemplo, que los hombres se incorporen más al cuidado, lo que a su vez se traduce un cambio en la lógica del trabajo, ya que las mujeres se han incorporado al mundo laboral, pero las lógicas del cuidado no han cambiado e igual asumen más tareas”.

En este marco, la docente investigadora subraya que “la sociedad tiene que generar las garantías laborales, por ejemplo, para que hombres y mujeres podamos cuidar y se pueda compatibilizar trabajo y cuidado desde las políticas sociales”, precisando que “esto también implica cambios en la lógica institucional, es decir, que haya instituciones públicas y privadas que puedan hacerse cargo, con calidad, profesionalismo y supervisión, al tiempo que se provean otras formas creativas de cuidado, como por ejemplo, cuidadores de apoyo para casos especiales”.




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