27 febrero, 2017

Desde que en 1995 se descubriera el primer exoplaneta o planeta extrasolar se han confirmado más de 3.500 cuerpos de este tipo que orbitan una estrella distinta al Sol. La mayoría de ellos son gigantes gaseosos, con órbitas muy cercanas a su estrella y períodos orbitales muy cortos.

Sin embargo, dentro de estos múltiples sistemas existe lo que los expertos han denominado la “zona habitable”, que es aquella donde el exoplaneta no está tan cerca de su estrella (o sol) como para que el agua se evapore, o muy lejos para que el agua este congelada. Ejemplo de ello, es nuestro planeta.

Hace algunos días, la NASA anunció al mundo que -gracias a dos telescopios instalados en Chile y otro operando en el espacio- científicos descubrieron un llamativo sistema planetario (TRAPPIST-1) que cuenta con siete exoplanetas, de los cuales tres estarían en una “zona habitable”, por lo que podrían albergar océanos de agua, abriendo la posibilidad de que contengan vida.

La noticia generó gran expectación y contó con un paper publicado en la destacada revista especializada Nature.

Natalia Inostroza, doctora en Fisicoquímica Molecular y docente investigadora del Instituto de Ciencias Químicas Aplicadas (ICQA) de la Universidad Autónoma de Chile, destaca que “el impacto que tiene este hallazgo para la comunidad científica es la cantidad de planetas y que todos tienen tamaños similares a la tierra”.

Explicó que “dentro de este pequeño sistema de siete planetas, tres de ellos están en la zona llamada como habitable, es decir, donde es posible encontrar agua líquida, con lo cual podrían darse condiciones para la vida según nuestros propios conceptos”.

Precisó que “todos son planetas rocosos con órbitas alrededor de la enana ultra fría en la constelación de Aquario llamada TRAPPIST-1. Esta estrella tiene la masa de un 8% del tamaño de nuestro sol, con temperaturas mucho más bajas (alrededor 2300 ºC – nuestro sol 5500 ºC ). En nuestro sistema solar, la Tierra, Marte, Mercurio y Venus son planetas rocosos”.

Sin embargo -señaló la Dra. Inostroza- “los siete planetas tienen temperaturas de equilibrio bajas-medias. Sus órbitas van desde 1.5 días hasta 20 días el que presenta la órbita más larga, es decir, es un pequeño sistema planetario si comparamos con la órbita más pequeña en nuestro sistema solar que es la de Mercurio, que demora 88 días, mientras que la Tierra tarda 365.26 días en realizar el mismo recorrido”.

Moléculas claves para la vida

En este contexto, la investigadora resaltó que “para la comunidad chilena está el hecho de que parte de las observaciones que derivaron en este hallazgo fueron hechas en el Very Large Telescope (VLT), en Paranal (Chile) y el TRAPPIST-Sur, instalado en el Observatorio La Silla (Chile), dentro del proyecto llamado TRAPPIST ((TRAnsiting Planets and PlanetesImals Small Telescope) en conjunto con Spitzer, el telescopio espacial operado por NASA”.

Asimismo, la Dra. Inostroza aseguró que “dentro de los próximos años, con el lanzamiento de nuevos instrumentos se estudiarán su composición y atmósfera a través de las observaciones de emisión en el Infrarojo”, precisando que “la idea es saber qué clase de compuestos (agua, oxigeno, metano, etc) están presentes en sus atmosferas y con ello realizar modelos que den cuenta de las abundancias moleculares”.

Añadió que “en nuestra línea de investigación astroquímica estamos expectantes, pues dependiendo de la composición molecular que se logre detectar, podremos realizar modelos de dinámica en el tiempo y postular si las moléculas claves para la vida podrían o no estar presentes en estos nuevos exoplanetas”.

Cuestión de distancia

Los siete exoplanetas se ubican a unos 39 años luz de nosotros, es decir, una nave que viaje a la velocidad de la luz se demoraría casi 40 años en llegar, solo que viajar a tal velocidad es imposible en la actualidad con la tecnología disponible.

New Horizons, la sonda de la NASA que hizo un histórico acercamiento a Plutón, alcanzó una velocidad de 51.000 km/h, con la que le tomaría 800 mil años llegar hasta TRAPPIST-1.

Mientras que en la Tierra, la nave más veloz del mundo, el avión experimental no tripulado X-43A (vuela a 11.265,4 km/h), tardaría unos 90 mil años en recorrer un año luz. Así para llegar al TRAPPIST-1 en este vehículo tardaríamos 3 millones 600 mil años. A todas luces una tarea para las próximas generaciones.